viernes, 18 de noviembre de 2011

ROMANCERO POPULAR ESPAÑOL

Los romances son poemas épicos o épico-líricos, casi siempre breves, compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un instrumento.
Están formados por un número indefinido de versos octosílabos con rima asonante en los pares - manteniendo casi siempre la misma rima durante toda la composición -, mientras quedan libres los impares.
Conservamos gran número de romances viejos porque en los siglos XV y XVI, como sucedió con la lírica popular, se recopilaron en Cancioneros o Romanceros, como el Cancionero de Romances , publicado hacia 1547 o el Romancero General de 1600. También se han conservado - con la creación a su vez de nuevos romances - en la tradición oral moderna, con numerosas variantes, en la Península, Hispanoamérica y la comunidades judeo-sefardíes.  (Texto extraído de la página "El rincón castellano:  http://www.rinconcastellano.com/edadmedia/romancero.html#)

Los romances tradicionales, además de tener un gran valor como testigo de la historia de nuestro país, posee el atractivo de ser fundamentalmente oral, de narrar historias caballerescas muchas veces, se pueden esceníficar, ser cantados, ilustrados; por todo ello, resultan muy motivantes para los niños que una vez aprendidos no los olvidarán. Se puede buscar información al respecto de la tradición oral española en dos portales temáticos de la biblioteca virtual Miguel de Cervantes:
http://bib.cervantesvirtual.com/portal/literaturapopular/
http://bib.cervantesvirtual.com/portal/Platero/portal/lirica/

A continuación adjunto mis romances favoritos:

ROMANCE DEL  CONDE FLORES
Grandes guerras se publican
Por la tierra y por el mar
Y al Conde Flores le nombran
Por capitán general.

Lloraba la condesita,
No cesaba de llorar:
Acaban de ser casados
Y se tienen que apartar.

-¿Cuántos días, cuántos meses
piensas estar por allá?;
-Deja los meses condesa,
Por años puedes contar.
Si a los tres años no vuelvo
Viuda te puedes por dar;

Pasan los tres y los cuatro,
Nuevas del conde no dan.
Ojos de la condesita
No cesaban de llorar.

Un día estando en la mesa
Su padre le empieza a hablar.
¿Por qué no te casas, hija,
porqué no te casas ya?
Condes y duques te piden
Te debes, hija, casar.

No lo quiera Dios del cielo
Que yo me vuelva a casar.
Carta en mi corazón tengo
Que don Flores vivo está.
Dame licencia mi padre
Para al conde ir a buscar.

Mi licencia ya la tienes
Mi bendición además.
Se retiró a su aposento
Llora que te llorarás.
Se quitó medias de seda,
De lana las fue a calzar,
Quitó zapatos de raso,
Los puso de cordobán,
Y un bríal de seda verde
Que valía una ciudad.
Y esportillas de romero,
Sobre el hombro se echó atrás.

Anduvo siete reinados
Morería y cristiandad
Anduvo por mar y tierra
no pudo al conde encontrar.

Cansada va la romera
Que ya no puede andar más,
Subió a un monte, bajo a un valle
Un castillo vio asomar.

Bajando por unas piedras
Gran vacada fue a encontrar.

-Vaquerito, vaquerito
Te quería preguntar
¿de quién llevas tantas vacas
todas de un hierro y señal?;

-Del conde Flores señora,
Que en aquel castillo está.;
-¿El Conde Flores es tu amo?
¿Cómo vive por acá?;

-De la guerra vino rico,
Mañana se va a casar.
Están muertas la gallinas
Y están amasando el pan
Y la gente convidada
De lejos viniendo van;

-Vaquerito, vaquerito,
Por la Santa Trinidad.
Por el camino más corto
has de encaminarme allá.

Jornada de todo el día
En medio lo hubo de andar.
Llegando frente al castillo
Al conde pudo encontrar.
Arriba estaba la novia
En un alto ventanal.

-Dame limosna buen conde,
Por amor y caridad.
-Oh que ojos de romera,
yo en mi vida les vi tal;

Sí los habrás visto, conde,
si en Sevilla estado has;
-¿La romera es de Sevilla?
¿Qué se cuenta por allá?
-Del Conde Flores, señor,
Poco bien y mucho mal;

Echose mano al bolsillo
Un real de plata le da.
Para tan grande señor
poca limosna es un real;

pues pída la romerica,
que lo que pida tendrá.
Pido ese anillo de oro
que en tu dedo chico está;

Abriose de arriba abajo
El hábito de sayal.
-¿No me conoces, buen conde?
Mira si conocerás
El brial de seda verde,
Que me diste al desposar;

Al mirarla en aquel traje
Cayose el conde hacia atrás,
Ni con agua ni con vino
Se podía despertar,
Sino con palabras dulces
Que la romera le da.

-Malhaya la romerica
¿quién la trajo por acá?;
-No la maldigáis ninguno
Que es mi mujer natural
Con ella vuelvo a mi tierra.
adiós Dios señores quedad;

Quédese con Dios la novia,
Vestidita y sin casar,
Que los amores primeros
Son muy malos de olvidar.

 ROMANCE DE LA DONCELLA GUERRERO
A un capitán sevillano
siete hijas le dio Dios
y tuvo la mala suerte
que ninguno fue varón.

Un día la más pequeña
le cayó la inclinación
de que se fuera a la guerra
vestidita de varón.

- Hija, no vayas, no vayas,
que te van a conocer,
llevas el pelo muy largo
y dirán que eres mujer.

- Padre, si lo llevo largo,
padre, córtemelo usted
que con el pelo cortado
un varón pareceré.

Siete años en la guerra
y nadie la conoció.
Un día al subir al caballo
la espada se le cayó
y en vez de decir maldito,
dijo, ¡maldita sea yo!

El rey que la estaba oyendo
a palacio la llevó;
arreglaron los papeles
y con ella se casó.
Aquí se acaba la historia
de la niña y el varón.

ROMANCE DEL CONDE OLINOS
Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;

caminante que camina
detiene su caminar;
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

Desde la torre más alta
la reina le oyó cantar:
-Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
que esa no tiene cantar;
es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.
 -Si por tus amores pena
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.
-¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
que si mata la conde Olinos
juntos nos han de enterrar!

-¡Que lo maten a lanzadas
y su cuerpo echen al mar!
Él murió a la media noche;
ella, a los gallos cantar.

A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.

De ella nace un rosal blanco;
de él, un espinar albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.

 De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan para a par.







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