sábado, 3 de diciembre de 2011

GIANNI RODARI

Escritor y pedagogo italiano que vivió entre 1920-1980. En 1970 recicibió reecibió el premio  Premio Hans Christian Andersen de literatura infatil. Los cuentosde Rodari poseen un gran sentido del humor y creatividad, son idóneos para desarrollar la expresión escrita y la imaginación.
Una gran cantidad de sus cuentos se pueden encontrar en la Web y concretamente "Cuentos para jugar" tienen la autorización de la RAI para incorporarse íntegros en esta página (cada cuento posee varios finales y hay que adivinar cual es el final del escritor):  http://colegios.pereiraeduca.gov.co/instituciones/galeriadigital/Espanol/_Literatura/Doc_web/Libreria%20infantil1/sites/rincon/trabajos_ilce/c_jugar/jugar.html
En cuanto a sus "Cuentos por teléfono" se pueden leer muchos en el siguiente blog:
http://cuentosdegiannirodari.blogspot.com/

Mi cuento favorito de este ingenioso autor se titula "Juan El Distraido" y me recuerda mucho a mí.
                                     
                                                                JUAN EL DISTRAIDO
  Mamá, voy a dar un paseo.
-          Bueno, Juan, pero ve con cuidado cuando cruces la calle.
-          Está bien mamá. Adiós mamá.
-          Eres tan distraído…
-          Si, mamá. Adiós mamá.

Juanito se marcha muy contento y durante el primer tramo de la calle pone mucha atención. De vez en cuando se para y se toca.
-          ¿Estoy entero? Sí – y se ríe solo.

Está tan contento de su propia atención, que se pone a brincar como un pajarito, pero luego se queda mirando encantado los escaparates, los coches y las nubes, y, lógicamente, comienzan los infortunios.
Un señor le regaña amablemente:
-         ¡Pero qué despistado eres! ¿Lo ves? Ya has perdido una mano.
-          ¡Anda, es cierto! ¡Pero qué distraído soy!

Se pone a buscarse la mano, pero en cambio se encuentra un bote vacío y piensa: “¿Estará vacío de verdad? Veamos. ¿Y qué había dentro antes de que estuviese vacío? No habrá estado vacío siempre, desde el primer día…”
Juan se olvida de buscarse la mano y luego se olvida también del bote, porque ha visto un perro cojo, y he aquí que al intentar alcanzar al perro cojo antes de que doble la esquina, va y pierde un brazo entero. Pero ni siquiera se da cuenta de ello y sigue corriendo.

Una buena mujer lo llama:
-          ¡Juan, Juan!, ¡tu brazo!

Pero ¡quiá!, ni la oye.
-          ¡Qué le vamos a hacer! – suspira la mujer - . Se lo llevaré a su mamá.

Y se dirige hacia la casa de la mamá de Juan.
-          Señora, aquí de traigo el brazo de su hijito.
-          ¡Oh, qué distraído es! Ya no sé qué hacer ni qué decirle.
-          Ya se sabe, todos los niños son iguales.

Al cabo de un rato llega otra buena mujer.
-          Señora, me he encontrado un pie. ¿No será acaso de su hijo Juan?
-          Si, es el suyo, lo reconozco por el agujero del zapato. ¡Oh qué hijo tan distraído tengo! Ya no sé qué hacer ni qué decirle.
-          Ya se sabe, todos los niños son iguales.

Al cabo de un rato llega una viejecita, luego el mozo del panadero, luego un tranviario, e incluso una maestra retirada, y todos traen algún pedacito de Juan: una pierna, una oreja, la nariz.
-          ¿Es posible que haya un muchacho más distraído que el mío?
-          Ah, señora, todos los niños son iguales.

Finalmente llega Juan, brincando sobre una pierna, ya sin orejas ni brazos, pero alegre como siempre, alegre como un pajarito, y su mamá menea la cabeza, se lo coloca todo en su sitio y le da un beso.
-          ¿Me falta algo, mamá? ¿He estado atento, mamá?
-          Sí, Juan, has estado muy atento.

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